| MIRANDO EL CIELO | |
Dos, uno… ¡FIRE! El cohete entero empezó a temblar como si se hubiera desatado un terremoto en la península de Florida.
Virgilio pensó que algo había fallado y que era el fin. Ahora todo se desmoronaría; y la Géminis, situada en la mismísima punta de aquel cohete, se estrellaría contra el suelo y allí acabaría todo.
Pero no. Tras aquellos titubeos, Virgilio sintió una fuerza tremenda que lo empujaba contra el respaldo del asiento. Estaba camino del espacio exterior. A toda velocidad. Más deprisa de lo que ningún otro niño de su edad hubiese viajado jamás. Es bien sabido que en el espacio exterior las cosas suceden de un modo extraño. Por ejemplo: la cápsula de Virgilio daba dieciséis vueltas a la Tierra cada día. O sea, que se hacía de noche y volvía a amanecer cada hora y media, más o menos; lo cual resultaba un poco molesto porque, al principio, a Virgilio le entraba el sueño cada noventa minutos.
No todo consistía en estar allí, dando vueltas a la Tierra, tumbado en su sillón. Había días terribles, en los que fallaban los sistemas de la nave y Virgilio tenía que atender las docenas de instrucciones que le llegaban desde Houston, mientras sonaban las alarmas y parpadeaban las luces.
Tras superar algunas de estas crisis, Virgilio contaba la comunicación, con la Tierra para que nadie le molestase, apagaba las luces de la Géminis y se dedicaba durante un rato de a contemplar el espacio a través de las escotillas de la nave. Eso le tranquilizaba.
-¡Qué chulada…! – se repetía en un susurro una y otra vez, en medio del silencio intersindical, mientras intentaba localizar la Osa Mayor.
Mirando al infinito por aquella claraboya por la que nadie más que él se asomaría jamás, se sentía enormemente afortunado. Empezaba a pensar que su elección por parte del doctor Watson para aquella misión no había sido casual.
Cada vez más
Una mañana, al despertar, Virgilio escuchó la voz del doctor Watson.
- Hola, Virgilio. ¿Sabes qué día es hoy? Cambio.
- Pues… la verdad es que he perdido la cuenta. Cambio.
- ¡Hoy es siete de julio!
- ¡Es mi cumple!
- Ya eres todo un hombretón de ocho años. ¡Felicidades!
- Gracias, doctor Watson.
- ¿Sabes? Tenemos una sorpresa para ti.
- ¡Qué bien! ¿Vuelvo a la Tierra? Cambio
- Eeeh… no, no se trata de eso. Busca en el compartimento 4-B. A tu derecha. Cambio.
- A ver, a ver… ¡Huy! ¡Hay una caja de cartón!
- ¿Velitas? No, lo que veo es un paquete con ocho diodos luminiscentes.
- Eso mismo, ya sabes que no se deben encender llamas en el interior de la cápsula. Por el riesgo de explosión. Pero puedes conectar los diodos a la línea principal de energía desmontando el panel de mandos izquierdo.
Así que Virgilio se pasó la mañana del día de su cumpleaños desmontando el panel izquierdo y conectando mediante soldadura de estaño los ochos diodos a la línea de energía.
Por fin, dos horas y media después, dio por terminado el trabajo.
- ¡Buf! Ya está listo, doctor Watson. Cambio.
- Fenomenal. ¿Has colocado los diodos sobre la tarta? Hazlo en los agujeritos para ello.
- Sí, sí. Quedan muy…muy bonitos –dijo Virgilio, contemplando con desolación aquel engendro de cables y corcho blanco.
Los trescientos nueve operarios que en ese momento se encontraban en el centro espacial de Houston se aclararon la garganta y se aproximaron a sus respectivos micrófonos y comenzaron a cantar.
Fernando Lalana y José María Almárcegui
Virgilio o el genio moderno. Ediciones SM
Comprensión lectora: un cumpleaños
espacial
Comprensión lectora…
1. ¿Cómo
se llama el protagonista de la historia? ¿Cuántos años tiene?
2. ¿Dónde
se encuentra el protagonista? ¿Quién lo ha escogido para realizar ese viaje?
3. Observa
las viñetas y explica cómo pasa los días Virgilio en el espacio.
4. Copia
según el orden en que ocurre la historia.
·
La sorpresa es una tarta de
poliestireno expandido y unas velitas.
·
Todos los operarios del centro
espacial le cantan el “cumpleaños feliz”.
·
El doctor Watson llama a
Virgilio para darle una sorpresa.
·
Virgilio tiene que trabajar
toda la mañana para conectar los diodos.
¿Qué pensaba Virgilio al despegar? ¿Crees que
sintió miedo? Explica por qué.
5. ¿Qué
sorpresa esperaba Virgilio como regalo de cumpleaños? ¿Qué sorpresa recibió en
realidad?
6. Imagina
que eres Virgilio y que escribes en tu diario el cumpleaños tan especial que
has pasado en el espacio. Escribe qué ha sido lo que más te ha gustado, lo que
más te ha sorprendido… También puedes añadir si hay alguien a quien has echado
de menos. No olvides poner la fecha.
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